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Patrimonio Artístico
Orígen del Santuario Ntra. Sra. de la Carrasca
Artículo de José Mª Gallego Ruiz publicado en el programa oficial de la Fiesta de la Virgen 2002. El subrayado es nuestro

NUESTRA SEÑORA DE LA CARRASCA:

ESBOZO INVESTIGADOR DE UN SANTUARIO MARIANO

Autor: José Mª Gallego Ruiz.

En el programa oficial de la Fiesta de la Virgen de la Carrasca,  Septiembre 2002

 

            A instancias de mi querido familiar Manuel Márquez Gallego y de sus deseos de conocer la fundación del Santuario de nuestra común devoción, comencé un estudio que se ha prolongado por más de dos años con distintos períodos de intensidad en su trabajo. La búsqueda de documentos en archivos y referencias impresas en bibliotecas ha sido labor que ocasionalmente produjo frustración -es triste decirlo, pero una guerra civil y sus precedentes hizo más daño a La Mancha que el transcurso de ochocientos años- pero nunca dejó de ser fascinante.

            Es el momento del recuerdo y de los agradecimientos, expresamente a mi primo Márquez, que con paciencia soportó mis continuos retrasos e indisciplinas típicas de los historiadores. También mi póstuma gratitud al Dr. D. Enrique Rodríguez Marín, cuyo encargo de investigación -también acerca del Santuario- creía en principio inviable por mi poco saber hacer, pero me dio pistas para realizar este artículo. Desgraciadamente no hubo tiempo de mostrarle el resultado de sus requerimientos.

            Finalmente es mi deseo comunicarles mi insatisfacción por los resultados que van a leer. El trabajo de un estudioso de lo desconocido no se ciñe a regla, horario o programa alguno. Por desgracia los historiadores sólo disponemos del tiempo para trabajar, que en la mayoría de los casos es  insuficiente para realizar nuestra labor a nuestro gusto. Por ello les expreso mi deseo de continuar este mi estudio en alguna postrera ocasión y aclarar los interrogantes que a mí mismo me quedaron.

            Entre los años 1184 y 1186 Alfonso VIII de Castilla concede al maestre de la Orden de Santiago Femando Díaz la conquista del Campo de Montiel. La ocupación fue efectiva después de la trascendental batalla de Las Navas de Tolosa (1212), cuando se fija la frontera con el reino almohade en Sierra Morena. Así," por privilegio de 1214 se concede al maestre García González «...ellugar de Alhambra, con sus términos hasta SalidielIo y Alcobela y ArgamasilIa, sobre Moratalaz, con sus pertenencias, montes, bosques, ríos, prados y pastos»[1]. Otro privilegio del mismo año dona a la Orden el castillo de Eznavessor, que tomado a los moros se incorporó a este instituto militar con todo su término y pertenencias[2].

            Fernando III conquista Jaén en 1246. Desde ese momento el Campo de Montiel pasa de ser tierra fronteriza a una de retaguardia. En estas fechas la comarca se transforma en un extenso territorio que colonizar con gentes cristianas. De hecho los castillos en el siglo XIV ya se juzgan innecesarios y caen en la indiferencia y abandono o se van transformando en pequeños núcleos de población que aspiran a emanciparse de la voluntad señorial[3].   

            Evidentemente resulta de poca coherencia pensar que las ermitas y santuarios diseminados por estas tierras son anteriores a la segunda mitad del siglo XIII. Estamos hablando de lugares abandonados por los musulmanes y que con mucha lentitud se repueblan por cristianos recién llegados y sin estructuras sociales o políticas capaces de establecer un culto mariano fuera de los castillos. Sí es cierto, como han demostrado antropólogos, que ciertos santuarios en España tienen un origen remotísimo. Pero son aquellos cuya veneración se ha modificado en distintas épocas por cuestiones de sincretismo religioso, uniendo lo divino a algún elemento -como un manantial, una cueva o un cerro prominente- de carácter mágico; desde luego no es éste el caso.

            No obstante, tenemos un claro precedente cultural. El Santuario de la Virgen de Cortes data de 1222 -nada más terminada la conquista de este municipio-. Se podría decir que Alcaraz  prácticamente se desarrolla en tomo a este monumento. Su interés para este trabajo radica en las similitudes legendarias. La aparición se produjo en una encina, también fue un pastor el dichoso contemplante y su festividad es el 8 de septiembre. Aunque el desarrollo posterior es muy diferente. ya que Alcaraz –importante, fortaleza de los almohades- es un núcleo urbano con el título de ciudad desde 1428 y la Carrasca nace en un entorno rústico y apartado, se podría plantear la hipótesis de que la Morenilla fuese una extensión devocional de la virgen de Cortes.

            Pues bien, con estos precedentes podemos dar fe del documento donde aparece mencionado por primera vez el Santuario. En aquel momento ermita. En los libros de visitas de la Orden de Santiago a los distintos partidos de Castilla bajo su jurisdicción señorial, efectuados por la encomienda de Carrizosa, aparece en 1494 una ermita llamada Santa María de la Carrasca, donde sus devotos podían contemplar «...un altar con la ymagen de nuestra sennora...»[4].  Tenemos un dato plenamente demostrado, una fecha concreta, pero me atrevo a afirmar que la fundación de la Carrasca es bastante anterior. En 1498, cuatro años más tarde, en otra visita o inspección de propiedades de la ermita, el visitador hace el siguiente comentario: «... tiene un altar mayor con un retablo pequenno biejo de madera y otra en el altar mayor la ymagen de nuestra sennora...»[5]. Lógicamente, si en aquellos años un retablo ya era viejo debía ser por dos motivos: bien por su aspecto gótico en los albores del arte renacentista o bien por su, descuido. No obstante, ya sea por una u otra razón, era viejo por el paso del tiempo. Blázquez añade a este supuesto que es en el siglo XV cuando tiene lugar la construcción de ermitas o santuarios en medio del campo o próximas a poblaciones[6]. Además las fechas de fundación pueden correr paralelas a otros santuarios de Ciudad Real.

            A finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI la ermita estaba bajo el cuidado de un mayordomo, oficial nombrado para atender la administración Y el gobierno de la Carrasca, siempre bajo la supervisión de la encomienda de Carrizosa. Esto significaría ser plenamente dependiente de las autoridades de la Orden de Santiago en esta localidad, de la misma manera que hoy lo es de la Hermandad. Los bienes raíces de la virgen, sin ser extensos, no eran nada desdeñables, se podrían contar entre los quince y las veinte fanegas de tierra según el momento, diseminadas por varias encomiendas -lo que hoy llamaríamos términos municipales-. Este patrimonio supondría un gasto y un alcance que no podía descuidarse, a lo que habría que añadir el mantenimiento de todos los elementos de decoración y culto.

            La ermita era de una sola nave. «...la qual es toda cubierta de buena madera de pino, toda muy bien enlozada las paredes asta el suelo de yeso»[7]. Pese a la humildad de esta fábrica su interior albergaba una imagen de María «... de buen uestido con una saya turquesada e un rroquete e una orilla colorada»[8]. Como he podido comprobar, el hecho de que los libros de visitas reparen tanto y tan repetitivamente en los vestidos y otros ornamentos se debía a la necesidad de testificar plenamente las propiedades de la Virgen y los cambios habidos en ellas para evitar posibles intromisiones o robos. Por otro lado, que se atienda a la vestimenta de Nuestra Señora y la decoración del altar y que se olvide la descripción de la imagen, cuando todos sabemos lo llamativo que resulta la tonalidad morena de su rostro, me hace sospechar que la Morenilla no fue tal, sino que ha ocurrido lo que sucede con tantas tallas medievales –como, por ejemplo, la Virgen de Montserrat-: la suciedad y las diversas capas de barnices han oscurecido su piel[9]. Las fuentes también mencionan que en un altar menor se situaba otra escultura, ésta de la Magdalena.

            Todos sabemos que el Santuario debe su nombre a una carrasca, donde según la leyenda se apareció la Madre del Señor a un pastorcillo, como representa un medallón del retablo y las pinturas que decoran el camarín de la ermita. Una narración popular en 1929 llega a darnos el nombre de José Cortés, quien habría intentado llevarse la imagen venerada en la catedral de Toledo allá por los quinientos y que luego sería sepultado en la ermita[10]. Nada sé de esto con certeza, de hecho ya he demostrado dónde estaba la Virgen desde finales del siglo XV y demostraré dónde estará durante el siglo XVI. Si el nombre del pastor es, mientras no se demuestre lo contrario, una pura necesidad de llamar de alguna maneta a un héroe popular desconocido -algo que ocurre en todas las épocas y culturas-, sí resulta interesante -por entrar plenamente en el contexto histórico del siglo XVI- que José fuese de ese determinado gremio. La explotación agraria del Campo de Montiel es posterior a su explotación ganadera. Toda la comarca era, en definitiva, un señorío militar por derecho de conquista y los señores tradicionalmente preferían el asiento de ganado al de cultivos. De hecho, la etapa inicial de aprovechamiento del espacio corresponde a la ganadería por las condiciones físicas de las tierras tomadas al moro, nuevas y desconocidas; humanas, tierra fronteriza y escasez de población; y económicas, las ovejas, junto con el hierro, eran casi los únicos bienes rentables para la explotación en la Baja Edad Media. Ciertamente el pastorcillo nos lleva a una época donde La Mancha no era país de pan, vino y aceite, sino de lana.

            En 1511 ya aparece registrado un ermitaño -un santero- que realizaba las labores que precisaban una estancia permanente. La vida del ermitaño es en principio eremítico, es decir, ante todo solitaria, lo que teóricamente suponía el distanciamiento tanto de familia como de vecinos y una dedicación plena a la imagen venerada. Es de entender que esta situación de aislamiento degenerase cuanto mayor era la feligresía. Por aquel entonces la asistencia de fieles a la Carrasca debía ser considerable, de ahí la necesidad de alguien que atendiese continuamente las necesidades del culto, la llegada de devotos o los posibles reparos. Lo dicho se confirma con el siguiente comentario de las autoridades de la encomienda: «Pare~e que esta hermyta es de mucha deuo~i6n. concurre a ella mucha gente, los quales por no saber donde hazer lumbre la hazen dentro de la herrnyta de lo qual se rre~ibe mucho perhuyzio»[11]. Hoy nos parecería un sacrilegio hacer fuego dentro de un recinto sagrado, pero debemos entender que en muchos casos la necesidad subyuga al respeto, la reverencia y al propio sentido común.

            Quizá el dato más sorprendente de los que he estudiado sea el que expongo a continuación. En la misma inspección de 1530, los señores visitadores dan al mayordomo de la Orden estas instrucciones: «Mandose al mayordomo que del alcasze que le es fecho haga un cuerpo de casa de cinco tapias con seys en largo y el ancho compareciere que convienen en la (¿?) e haga una chimenea para que los que vinieren a la dicha hermita puedan tener lumbre, lo qual hagan de aquí (enero} a Nuestra Señora de Setiembre primera que berná y en el sitio que pareciere al concejo de dicho lugar so pena de quatro ducados»[12]. No caben dudas, ya en aquellas fechas la devoción popular había creado la fiesta de la virgen. No conozco ningún día del santoral que celebre a María en el mes de septiembre a no ser la de Nuestra Señora de la Carrasca y otras advocaciones locales de los pueblos de España. La fiesta no debemos entenderla como: una romería, tal y conocemos hoy, pero no por ello dejaría de ser una celebración a la que acudían numerosas gentes, que hacían fuego ya no con la intención de comer o calentarse, sino con la de congregarse y divertirse. Quizá por estos motivos la iglesia pase de ser una ermita a un santuario. En la segunda mitad del siglo XVI el poder civil se había visto obligado a intervenir en aquellos lugares santos de raíz eremítica que por el bullicio habían dejado de serio. Felipe II, en 1596, ordenó la clausura de muchas de las ermitas de sus reinos[13]; probablemente en estos años nacería la Carrasca como: un santuario obligado a una revisión de costumbres relajadas o al cierre.

            En el siglo XVI lo que hoy es un centro religioso considerable era por entonces una, ermita en la que el aposento sagrado apenas ha cambiado. Una nave sobre tres arcos de piedra de cantería y unas paredes de mampostería enyesadas por dentro y encaladas en el exterior. Sí parece que la verja que actualmente divide la fábrica, una donación de un caballero principal de la comarca, sustituyó a la antigua red de madera que separaría, casi con toda seguridad, el estado de nobles y eclesiásticos del común. Al complejo se sumaban dos edificios más: «una casa pequeña con su chimenea para el ermitaño»[14] y el susodicho «cuerpo de casa» o albergue de peregrinos, cuya planta nos resulta difícil de imaginar, pues generalmente para cercar una casa se utiliza un número par de muros o tabiques y no cinco como reza el texto.

            La efigie de la virgen, como antes sospechaba, no era como su popular apodo nos advierte. Dicen los visitadores: «... donde está el altar con su erradura e llave tiene un altar con una imagen de Nuestra Señora de bulto dorado puesta en una caxa labrada de pinzel...»[15]. Dudo que la imagen fuera de bulto redondeo -tal como hoy entendemos este término- sino que el visitador se limitaba a distinguirla de un altorrelieve, y aun así estaba equivocado, pues una escultura de bulto implica una talla completa del cuerpo y los ropajes; si sabemos que estaba vestida de telas es porque ya entonces era un imagen, un rostro. El color de la tez era, como este documento señala, dorado y no como ahora lo conocemos.

            En 1575 al interrogatorio de Alhambra en las Relaciones topográficas de Felipe II, la todavía ermita de la Carrasca consta como dentro de su jurisdicción[16]. Sin embargo, en 1500, según Sánchez Ferrer, pasa al término de Villahermosa[17] y, como hemos visto, desde un principio recaía dentro de Carrizosa. Así pues, el Santuario en sus orígenes se disputó entre tres jurisdicciones distintas. ¿Cuál es la razón de este hecho que reflejan hasta las canciones populares? Debemos entender que no estamos hablando de términos municipales, sino de jurisdicciones. Todo el Campo de Montiel pertenecía a la Orden de Santiago. a cuya cabeza estaba el maestre. No obstante, para su administración, la Orden se dividía en dos provincias: León y Castilla. El Campo pertenecía a esta última, que a su vez se fragmentaba en varias encomiendas. Estas encomiendas ejercían por separado un poder local, que aparte de oscurecer la labor de los concejos o consistorios, en muchos casos se enfrentaban. Primeramente, el hecho de pertenecer al mismo instituto no significa que dentro de él no haya discrepancias. En segundo lugar, durante la Edad Moderna los comendadores nombrados por el rey y su Consejo son grandes figuras políticas o segundones de importantes linajes que ningún interés tienen en gobernar la encomienda y que normalmente eran absentistas de su gobierno. En tercer lugar, las encomiendas se encargaban de la tributación a los órganos de poder, eso suponía mayor cuota de cobro cuanto mayor fuese el territorio a cobrar y, cómo no, mayor renta por servicios prestados para el comendador y sus oficiales, los inevitables despistes, las pérdidas o las simples sisas.

            En 1747 la descripción de los límites de la encomienda de Villahermosa menciona: «... y caminan dando vista a cañada Onda, aguas vertientes por la otra parte lindando con la dehesa de Carrizosa de Ntra. Sra. de la Carrasca...»[18]. Si en este momento el deslinde de términos coincidía precisamente en el Santuario, dos años después es preciso recordar a los topógrafos un documento de 1677, que otorgaba a Villahermosa un pedazo del término de la Ossa que antes llegaba al Santuario. Esta donación del Rey parece que no incluía la dezmería, es decir, la tributación de ese terreno a la Iglesia, que seguía en manos de la localidad hoy albaceteña, por lo que las arcas de la encomienda de Villahermosa aspiraban a recuperarla.

            Estos datos, que en un principio son ajenos al Santuario, sí parecen tener relación con las distintas puertas del mismo. Las puertas que la tradición señala que fueron abiertas para evitar altercados entre los vecinos de los pueblos afectados por las mojoneras coincidentes en la Carrasca-antiguamente Alhambra, Carrizosa, La Ossa y VilIahermosa-. De hecha, según incide Sánchez Ferrer, el manual de visita del vicario del Campo de Montiel informa que en 1.743 se iba a construir la plaza o atrio de la ermita que finalmente se realizaría con tres puertas, pues la donación de terreno apartó a La Ossa de la disputa.

            ¿Qué misterio entrañan estos hechos? Nuestros conocimientos no ayudan a clarificarlo. Desde luego, habría intereses enfrentados de raíz económica, pública o religiosa. También no está de más recordar que tres es un número simbólico en un recinto sagrado, es la expresión trinitaria, lo cual haría, más complejo este asunto. Lo que sí creo con certeza es que la Virgen no escogió a Villahermosa, sino que fueron sus vecinos los que la escogieron.

            Los donantes siempre fueron de gran importancia en la formación del Santuario. La devoción expresa y testificada a sus vecinos para el resto de los siglos fue una costumbre asociada además al poder. Podemos destacar dos familias en este sentido: los Abad y los Sandoval. Los primeros son un linaje que pudiera ser perfectamente enclavado en Villahermosa, ya que hay varias noticias sobre ellos tanto en el Santuario como en la iglesia parroquial. Los segundos me atrevería a señalar que, por razones cronológicas y por el apellido, estarían entroncados con una de las familias más poderosas de la España del siglo XVII. La concreta relación familiar es sumamente compleja, pero sabemos que unas obras -de las que desconocemos sus características precisas (Ver artículos posteriores de M. Ángel Sánchez en 2008-2009)- a su término fueron bendecidas en tiempos del arzobispo de Toledo Bernardo de Sandoval. Quizá se terminaron en 1612, año que registra la pintura mural del camarín más deteriorada y en la que también se puede leer Fabiana Teresa de Sandoval. También en 1682 se terminaron otras obras en el camarín y como reza la propia pintura, siendo uno de los alcaldes honorarios de la villa de Villahermosa el comendador Francisco de Sandoval. Finalmente, la verja, que data de 1731, es donación del caballero de Santiago Fernando José Abad y Sandoval, que, como podemos observar, reúne los dos apellidos, aunque la relación consanguínea entre ambas familias era ya muy anterior. Indudablemente eran familias de prestigio y poder en el ámbito local en su momento. Me atrevería a considerar que el Marqués de Montenuevo, casa que poseía en el siglo XIX las llaves del camarín en calidad de patronazgo, fuese descendiente del susodicho linaje.

            Llegados a este punto, sólo queda por desearles que la lectura de este trabajo les haya resultado tan grata como a mí su estudio y que sus resultados .les resulten suficientemente interesantes. Vera lux emendatum itinerem mi illustra. Vale.



[1] B. DE CHAVES: Apuntamiento legal sobre el dominio solar de la Orden de Santiago en todos sus pueblos.

[2] Idem.

[3] A. BLAZQUEZ y DELGADO AGUILERA: Historia de la provincia de Ciudad Real. vol. II Avila, 1898.

 

[4] Archivo Histórico Nacional (AHN). Órdenes Militares (OOMM). Libro manuscrito 1007.

[5] Idem. Lib. 1068.

[6] A. BLÁZQUEZ y DELGADO AGUILERA. ob. cit.

[7] AHN. OO.MM. Lib, 1070.

[8]  Idem. Lib. 1068.

[9] Recuerdo que hablo de la imagen profanada y destruida en 1936. La actual es una copia a la que

también se le ha dado el color tradicional.

 

[10] No tiene nada de extraño los enterramientos en un recinto sagrado. Esto no significa que en caso de que se descubriese una sepultura en el Santuario fuese automáticamente la del afortunado pastorcillo, también podría ser la de un devoto, un santero, un simple benefactor etc.

[11] AHN. OOMM. Lib. 1081.

[12] Idem. Lib. 1078.

[13] Q. Aldea VAQUERO y otros (dirs.): Diccionario de Historia eclesiástica de España. Vol. IV. Madrid, 1975.

 

[14] AHN, OOMM. Lib. 1078

[15] Idem.

[16] C. VIÑAS y R. PAZ (eds.): Relaciones histórico-geográfico-estadísticas de los pueblos de España hechas por iniciativa de Felipe II. Ciudad Real. Madrid. 1971.

[17] J. SANCHEZ FERRER. J. JIMENO y otros: Guía para visitar los santuarios marianos de Castilla-La Mancha. Madrid. 1995.

[18] 18 AHN. OOMM. Carpeta 214, volumen III

 

 

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