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Actualidad
Mártires de España en el S. XX
publicado el viernes, 6 de noviembre de 2009

Hoy 6 de noviembre se celebra la memoria de los 498 mártires de Cristo durante la persecución religiosa en España entre 1934 y 1937. Fueron Beatificados en octubre de 2007 en Roma
(Publicado en el libro de la Romería Ntra. Sra. de la Carrasca 2007)

                    MENSAJE DEL PÁRROCO:

              Reina de los mártires, ruega por nosotros.

A todo el Pueblo de Dios vinculado al pueblo de Villahermosa y que venera a la Santísima Virgen María, Ntra. Sra.  de la Carrasca, Paz y Bien en Cristo Jesús.

    Queridos amigos:

    Cuando escribo estas líneas, finales de junio de 2007, la Iglesia Española acaba de anunciar una gran beatificación colectiva para el 28 de octubre en Roma. 498 cristianos, mártires de la persecución religiosa en España, inmolados entre los años 1934 y 1937, serán Beatificados tras una larga y minuciosa investigación histórica y canónica. Entre ellos hay obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas; seminaristas y seglares; solteros y casados, adultos y jóvenes, varones y mujeres. [foto1]

   Cuando recibas este libro quedarán menos de dos meses para el acontecimiento, quizás empieces a oír opiniones de todo tipo y, mucho me temo, que no todos los medios de comunicación tratarán el tema correctamente. La ignorancia es muy atrevida, y perniciosa, cuando va acompañada de malicia. Mucho me temo que la noticia será tergiversada por intereses mundanos y políticos; o se empañará haciendo el eco del pecado de algún sacerdote.   

       Conviene saber que el total de personas víctimas de la persecución religiosa entre los años 1931-1939 fueron 6.845, repartidos de la siguiente manera: 13 obispos, 4.184 sacerdotes y seminaristas, 2.365 religiosos y 283 religiosas[1]. Más difícil es calcular los cristianos seglares que murieron estrictamente por su notoriedad religiosa, no tanto por sus ligaciones políticas. Incontable el patrimonio religioso y cultural perdido. Un auténtico y calculado exterminio de todo lo cristiano que no se conocía desde las primeras persecuciones cristianas en el Imperio Romano y que se suele disculpar diciendo que todo fue fruto de la incultura. Bastó la chispa para prender el fuego del ateismo totalitario.

            Antes de seguir, conviene aclarar mi intención al tocar este tema tan espinoso y en este libro. Mi propósito es el mismo de la Iglesia al Beatificar los mártires. No pretendo hurgar en heridas todavía abiertas de la nefasta Guerra Civil, sus prólogos y sus consecuencias. Centro mi atención en los mártires, testigos heroicos de Cristo hasta dar la vida por Él.

         Los mismos Papas pidieron a los obispos españoles que pasaran al menos 50 años hasta las primeras beatificaciones aunque los procesos comenzaron enseguida y estaban muy avanzados. El tiempo ayudaría a sanar heridas, y a tomar los casos con más prudencia. Se esperaba y necesitaba independencia de ciertos intereses mundanos, como el Concilio Vaticano II (1962-1965) promulgó primero y la Transición política en España facilitó después. Es por ello que las primeras Beatificaciones no llegan hasta 1989. 

        Intento hablar con el equilibrio emocional de tener antepasados en mi familia víctimas de ambos bandos. Agradezco que me lo hayan contado teniendo ya los suficientes resortes intelectuales, afectivos y religiosos para poder asumir el tema sin rencores. Me sorprende y duele comprobar que no ha sido así en todas las familias y en todos los pueblos. Hablo como Pastor que quiere la unidad de su “rebaño” con sus lógicas y ricas diversidades. Hablo con la libertad de Espíritu propia del sacerdote católico, independiente de  ideologías políticas o instituciones temporales, pero con la prudencia y claridad que exige tal ministerio. Hablo como Cura, en sentido estricto, que quiere cuidar y curar heridas con la sangre de Cristo, el único que puede sanar y reconciliar a la humanidad plenamente.

        Y hablo en el Libro de la Virgen. Precisamente, la imagen original de Ntra. Sra. de la Carrasca también sufrió el “martirio”[2], juntamente con otras imágenes y objetos de gran veneración religiosa y valor cultural por todos sabido. Tenemos derecho a recuperar lo perdido. Valoramos el interés de diversas instancias civiles en esa dirección. No quiero aguar la Fiesta, más bien os invito a rezar por los causantes de tal estrago, rezar por su salvación. No os incito a señalar, sino a perdonar como Cristo y su Santa Madre habrán hecho con los arrepentidos. Es bueno y necesario que en la Fiesta de la Virgen reine la armonía, diversión y alegría, pero es triste y artificial que lo provoquen muchos “traguetes” de más, lo que yo llamo el doping de la amistad. La felicidad así obtenida, dura lo que tarda en llegar la resaca, el fatídico martes de la fiesta. Cristo trae la auténtica felicidad a la humanidad; la Virgen es la primera en creerlo y vivirlo. Cristo es el Vino Nuevo, que embriaga de amor y verdad los corazones; la Virgen la primera en sentir sus efectos sin ninguna resaca. Cristo se deja pisar en el lagar de la cruz; la Madre, al pié del madero, no deja desperdiciar la sangre de su Hijo, la conserva para la Iglesia como Vino y Sangre que curan las heridas abiertas por el pecado del hombre.    [Foto]

      Cristo es el Mártir de los mártires, así lo llamamos el Viernes Santo. La Sangre de los mártires, derramada por amor y con perdón, cura las heridas que aun pueden quedar abiertas en España y también en Villahermosa. Precisamente por eso, la Iglesia los sube a los altares, no sólo por la causa de su muerte, estrictamente su militancia cristiana, sino también porque murieron perdonando a sus verdugos, rezando por ellos y sin renunciar de la Fe. No quiso nunca la Iglesia, ni quiere, juzgar o condenar a los culpables. Nunca ejerció ese derecho que instancias civiles le otorgaron después. La Iglesia sólo quiere venerar e imitar la vida de las víctimas martirizadas de una de las más sangrientas persecuciones religiosas de la historia. Estas víctimas, del odio a la Fe, a Jesucristo y su Iglesia no conviene confundirlas con otras víctimas caídas por otros motivos no religiosos en ambos frentes en el período bélico o post-bélico. Por muy nobles que fueran sus ideales o injustas sus muertes, no entran en los requisitos del martirio cristiano por el simple hecho de morir así. Los mártires no murieron por defender a España, por su raza, por su lengua, por un partido político por legítimo que fuera. Los mártires mueren por Cristo. Es por ello que  Tampoco pueden ser beatificados los sacerdotes vascos injustamente asesinados por el bando nacional que también los hubo pues la causa de su muerte no fue estrictamente religiosa sino su significación político nacionalista y militar.  

        Así lo dicen los obispos españoles: “Los mártires están por encima de las trágicas circunstancias que los han llevado a la muerte. Con su beatificación se trata, ante todo, de glorificar a Dios por la fe que vence al mundo (cf. 1Jn 5,4) y que trasciende las oscuridades de la historia y las culpas de los hombres. Los mártires “vencieron en virtud de la sangre del Cordero, y por la palabra del testimonio que dieron, y no amaron tanto su vida que temieran la muerte” (Ap 12, 11). Ellos han dado gloria a Dios con su vida y con su muerte y se convierten para todos nosotros en signos de amor, de perdón y de paz”[3].

       En nuestra provincia fueron exterminados 97 sacerdotes diocesanos de un total de 243[4]. Además de 113 sacerdotes religiosos de casi 200 que había en la provincia[5].  En otras diócesis de España se perdió el 90 % del clero, Barbastro por ejemplo. En Villahermosa, salvaron la vida al párroco D. Zoilo López Ciudad que después de la contienda siguió siendo párroco del pueblo hasta 1946. Peor suerte corrieron cuatro sacerdotes naturales de Villahermosa: D. Justo Martínez Rodríguez, arcipreste de Almodóvar asesinado el 3-11-1936 en Poblete; Buenaventura Alarcón Canales, párroco en Toledo capital y ejecutado allí el 23-7-1936; y los hermanos Juan Félix y Lucio Bellón Parrilla, canónigos de la Catedral de Cuenca y fusilados allí el 10-8-1936[6]. 

  [Foto] De momento, en nuestra diócesis, suben a los altares el 28 de octubre, un grupo de once personas: el Obispo y su secretario, D. Narciso de Estenaga y D. Julio Melgar, respectivamente, martirizados juntos el 22 de agosto de 1936 en Peralbillo, cerca de Ciudad Real. Cinco religiosos de las Escuelas Cristianas y tres sacerdotes diocesanos, martirizados el 19 de agosto de 1936 en el cementerio de Valdepeñas tras haber sido apresados todos juntos en Santa Cruz de Mudela donde ejercían su ministerio. Y un seglar ferroviario, con dos hijas religiosas, natural de Daimiel, que sufrió el martirio el 17 de septiembre de 1936 en Alcázar de San Juan tras haber sido apresado también en Santa Cruz de Mudela[7].   

       Estos once mártires nuevos de nuestra Diócesis de Ciudad Real engrosan el grupo de 498 que serán beatificados en Roma. Sumados a los 479 españoles que ya han sido beatificados desde 1989, (11 son ya Santos) hace de la España del S. XX una tierra de mártires con un total de 977 reconocidos por la Iglesia. Sigue abierto el proceso de más de un millar. Sin duda, la sangre de los mártires ha sido y será, semilla de nuevos cristianos.

      Podemos destacar de estos nuevos mártires los siguientes rasgos comunes que enumeran los obispos en su comunicado: “fueron hombres y mujeres de fe y oración, particularmente centrados en la Eucaristía y en la devoción a la Santísima Virgen; por ello, mientras les fue posible, incluso en el cautiverio, participaban en la Santa Misa, comulgaban e invocaban a María con el rezo del rosario; eran apóstoles y fueron valientes cuando tuvieron que confesar su condición de creyentes; disponibles para confortar y sostener a sus compañeros de prisión; rechazaron las propuestas que significaban minusvalorar o renunciar a su identidad cristiana; fueron fuertes cuando eran maltratados y torturados; perdonaron a sus verdugos y rezaron por ellos; a la hora del sacrificio, mostraron serenidad y profunda paz, alabaron a Dios y proclamaron a Cristo como el único Señor”[8].[Foto]

        En fin, amigos, pienso que no es conveniente olvidar tal cual la historia para superar conflictos. Se puede perdonar sin olvidar. Me explico. El que perdona por que previamente olvida, no perdona, simplemente, no recuerda. El que perdona voluntariamente con el corazón, lo que recuerda con la cabeza previamente, tiene opción de perdonar; olvidarlo después, es un mecanismo cerebral involuntario que, propiamente, no añade nada al perdón, aunque alivie a las neuronas. Tampoco el recuerdo tiene que producir rencor necesariamente, el rencor es insano, se vuelve contra el que lo siente. Otros beben en exceso para olvidar, dudo de los resultados de este doping del olvido.

        Creo que la historia se puede asumir sin olvidar, sin tapar, sin ocultar, también sin tergiversar o falsear. Hemos de aprender de la Historia. Además, los cristianos creemos en un Dios Histórico, fiel a la Historia, encarnado en un tiempo y espacio determinado y que sigue actuando en nuestra historia concreta. Él mismo nos pide que repitamos gestos y palabras en conmemoración suya.
Gestos y palabras que nos vuelven a recordar nuestra historia de pecado pero también actualizan nuestra  Historia de Salvación. Así pues,
pienso que no hay que olvidar la historia, olvidaríamos nuestra más Sagrada Tradición, nuestras costumbres, nuestras fiestas, nuestro pasado, nuestros seres queridos. El cristiano debe tener una correcta memoria histórica para aprender de lo malo y no repetirlo, para pedir perdón y perdonar; el cristiano debe tener una correcta memoria histórica para poder conservar lo bueno y aumentarlo.

         Es por ello que los cristianos, la Iglesia, pedimos perdón constantemente por los pecados que cometemos en el presente y por los que nuestros antepasados eclesiales cometieron en el pasado. Juan Pablo II lo hizo solemnemente en el Jubileo del Año 2000. ¿Ningún heredero hay de los culpables de los crímenes contra la Iglesia española del año1931 al 1939, de los sistemas ideológicos que los justificaron, para pedir perdón hoy a la Iglesia de España?

 [Foto]Termino con las palabras de los obispos, “ La beatificación que vamos a celebrar es una hora de gracia para la Iglesia que peregrina en España y para toda la sociedad. Os invitamos a prepararos bien para esta fiesta y a participar en ella de modo que se convierta para todos en un nuevo estímulo para la renovación de la vida cristiana. Lo necesitamos de modo especial en estos momentos en los que, al tiempo que se difunde la mentalidad laicista, la reconciliación parece amenazada en nuestra sociedad. Los mártires, que murieron perdonando, son el mejor aliento para que todos fomentemos el espíritu de reconciliación”[9].

Mientras tanto, de todo corazón...........¡¡¡ Feliz Fiesta con la Virgen y su Divino Hijo!!!

        Juan Carlos Gómez-Rico Martín-Gil, párroco


 

[1] Montero Moreno, A.; Hª de la persecución religiosa en España. B. A.C., 2ª Ed. 2004, pag. 762.

[2] Es interesante saber que la imagen de Ntra. Sra. de la Carrasca fue destruida meses antes del  “estallido” oficioso de la Guerra Civil, el 18 de julio de 1936. En Abril ya consta su destrucción, y la de otras muchas imágenes y objetos religiosos de la Diócesis, en un comunicado del Obispado de Ciudad Real a la Santa Sede.

[3] Conferencia Episcopal Española. Asamblea Plenaria LXXXIX, Mensaje con motivo de la Beatificación de 498 mártires españoles. 27-4-2007.

[4] Montero Moreno, A.; Op.Cit.; pag. 763. Jiménez Manzanares, J., Martirologio Diocesano de Ciudad Real. Calatrava 1947.

[5] Alia Miranda, F., La Guerra Civil en retaguardia en Ciudad Real. B. A. M., 2ª Ed. 1994, pag. 238

[6] Montero Moreno, A.; Op.Cit.; pag. 770 y 780.

[7] Campo Real, F. del; Mártires de Ciudad Real. Edibesa, 2007.

[8] C. E. E. Asamblea Plenaria LXXXIX, Mensaje con motivo de la Beatificación de 498 mártires españoles. 27-4-2007.

[9] C. E. E. Asamblea Plenaria LXXXIX, Mensaje con motivo de la Beatificación de498  mártires españoles. 27-4-2007..

 

 

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