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Villahermoseñ@s
Sacerdotes Villahermoseños. Luis Gallego Villena
publicado el Friday, September 24, 2010

Conituamos con la sección de sacerdotes villahermoseños que comenzamos con motivo del año sacerdotal 2009-2010. Esta vez D. Luis, se presenta y nos habla de la Virgen tras la Fiesta vivida.

      

UN BOSQUEJO DE AUTOBIOGRAFÍA
            Bien poco puedo decir de mi mismo y pienso que, igualmente poco, puede interesar a los demás.
            Solo se justifican estas líneas la petición de hacerlo que me ha encargado D. Juan Carlos, a quien admiro y estimo.
            Parafraseando a D. Quijote: “en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme” yo escribo corrigiendo: “en un lugar de la Mancha muy querido, llamado Villahermosa” el 27 de febrero del 1943 tuvo lugar mi nacimiento en el seno de una sencilla familia, en una casa junto al puentecito, entonces de madera, que hacía posible el paso por la calzailla en la Calle del Cuartel, que así le llamábamos.
            Niño muy normal, sin relieve alguno, acostumbrado a carencias impuestas por la situación socio-económica del tiempo, desde tempranísima edad trabajé en el campo como guarda de viñas, escardador, trillador, espigador…¡no llegué a más!.
            Agradezco a Dios la sencilla piedad que puso en mi corazón que me llevó a rezar mucho, a tener experiencias muy gozosas del Señor. Hice mi primera comunión yo solito sin que mis padres lo supiesen, nunca fui monaguillo ni conocía a los sacerdotes. Fue trillando, aún me acuerdo el día de la trilla y donde estaba, cuando recibí claramente mi llamada a ser sacerdote, ¡quedé enormemente sorprendido!.
            Superadas enormes dificultades económicas –recuerdo pedir por las casas del pueblo y hasta el dinero que algunas familias muy significadas me dieron- marché al Seminario Diocesano de Ciudad Real, corría el año 1957.
            La dificultad de ingresar en el Seminario se hizo humanamente insalvable ya que cuando estaba realizando el Cursillo de Ingreso mi padre sufrió una trombosis cerebral que le dejó totalmente paralizado. El espíritu de sacrificio de mis padres el trabajo y acompañamiento de mi hermana han sido definitivos y después de Dios, ellos fueron los que más influyeron en mi vocación sacerdotal y en mi llagada al sacerdocio.
            Nunca conté lo siguiente: camino hacia casa, ya vivía en la calle del agua, pasé por la ermita del Cristo, me asomé a la ventanilla y le dije al Señor: “Me has engañado…no me querías como sacerdote…fíjate cómo ha quedado mi padre y escuché “Luis ahora te quiero sacerdote”. Sí, esta fue la oración de un niño, una oración muy sincera.
            Hice los estudios sacerdotales con gran facilidad, cursé la carrera de Magisterio y dediqué muchas horas al piano y al órgano…mi afición personal un tanto frustrada.
            Ordenado sacerdote 29 de marzo del 1969 por D. Juan Hervás Benet me encomendaron la Parroquia de Mina Diógenes, un pueblo de minas de plomo argentífero.
           Al Año siguiente se me encomendó también la parroquia de Solana del Pino para recibir al año siguiente el nombramiento de Párroco de Alcubillas y Coadjutor de Villanueva de los Infantes. En esta preciosa ciudad he permanecido desde el año 1972. El año 1980 fui nombrado Párroco y allí permanecí hasta el año 2007. Fue voluntad del Obispo enviarme como Párroco a la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Manzanares y desde allí ejerzo el ministerio sacerdotal.
            Retomando un poco mi trayectoria me atrevería a marcar algunas líneas de delinean en algo mi sacerdocio:
            Recuerdo que era grande mi deseo de ir al Cielo y esto entendí me lo facilitaba es ser sacerdote, pronto se agrandó este deseo…merecía la pena entregar la vida para que los hombres conociesen, amasen a Dios y se salvasen.
            La decisión última de ser sacerdote fue absolutamente personal, muy libre.
            En el ejercicio del ministerio sacerdotal he encontrado las mayores alegrías, no exentas de cruz.
            Nunca dudé de la llamada del Señor, aun cuando El a veces parezca que se oculta.
            El amor a María Santísima, a la Iglesia y al Santo Padre han sido y quiero que sean la trilogía de mis amores en la tierra.
            Me encontré siendo instrumento en las manos del Señor sin miedos no sobresaltos. He experimentado la gracia de Dios en tantísimas almas y muchas de ellas verdaderamente santas de altar.
            He contado con una familia, que siempre me quiso y respetó totalmente.
            He vivido mi sacerdocio junto a mis hermanos sacerdotes, que nunca me defraudaron.
            Sintiéndome lo que soy sacerdote diocesano y recibido la ayuda para realizar este sagrado ministerio del Opus Dei. Pertenecer a la Obra, superados algunos disgustillos, me ha proporcionado bienes sacerdotales inefables.
            He servido a la Santa Iglesia en comunidades parroquiales impresionantemente buenas…Villanueva de los Infantes, tierra de santos, escritores y poetas, pueblo de sacerdotes, configuró en mucho mi ser sacerdotal. En este pueblo viví la experiencia mariana más fuerte: la Coronación Canónica de Nuestra Señora la Virgen de la Antigua. En Manzanares he experimentado la ilusión sacerdotal del modo más sentido y libre, gracias a Dios, sin ataduras,  pues a la verdad, creo que pequeñas amarras tenía en Infantes.
            Merece la pena ser sacerdote…y cuantos más años uno tiene, gozo en el Señor se más se saborea…
            ¡Nadie ni nada me puede quitar mis casi cincuenta años sacerdotales, este es mi tesoro que ruego al Señor y a la Santísima Virgen que me lo conserven!
 
 
       “...y el nombre de la Virgen era María”

            Estimado D. Juan Carlos, mi querido párroco de Villahermosa.
            Me invitas a escribir en tu bien llevada página parroquial de Internet.
            Lo hago gustosamente y como no me sugieres tema, me atrevo a escribir acerca de nuestra Madre, que en Villahermosa nos gusta llamarle Virgen de la Carrasca.
            Decía S. Bernardo “acerca de María nunca hablamos suficientemente”. Es verdad, de Ella siempre podemos hablar más y mejor, de este modo estaremos dando cumplimiento a sus mismas palabras: “dichosa me dirán todas las generaciones”.
            En nuestro pueblo de Villahermosa estas palabras de María Santísima tienen cumplimiento, pues amamos cada día más a la Virgen y pretendemos crecer en amor mariano...siempre podemos y debemos crecer en este amor. “Difícilmente, nos recordaba el Papa Juan Pablo II, encontraremos en nuestra geografía española un pueblo que no tenga un santuario mariano, un cruce de caminos que no goce de una señal mariana...Con toda justicia se le ha llamado a España “tierra de María Santísima”. ¡En esto Villahermosa no quiere ser excepción!
            El amor a la Santísima Virgen ha de tener siempre mucho de afectivo. El amor a la Virgen, porque es Madre, ha de sentirse como se siente cada día el amor a nuestra madre. El amor a la Virgen se hace imaginación, poesía, detalle en sus hijos. No se entiende un amor mariano que se reduzca al cumplimiento frío de unas cuantas prácticas piadosas.
            Querido amigo, me atrevo a sugeriste caminos que conducen a amar cada día más a nuestra Madre.
            En primer lugar hemos de evitar con todas nuestras fuerzas el pecado. No podríamos amar a María, si al mismo tiempo ofendemos a Dios, nuestro Señor con el pecado. Si acaso en algún momento ofendiésemos al Señor, camino tenemos para recuperar la amistad perdida: el Sacramento de la Penitencia o Confesión.
            Debemos poner a nuestra Madre como modelo de actuar. Ella fue y es una mujer piadosísima, nosotros sus hijos hemos de ser personas piadosas, personas que mantengamos con Dios una relación filial, como un buen hijo mantiene con su padre.
            Si escuchamos la voz de la Iglesia -Madre y Maestra- nos dirá que “la Iglesia ha llegado en María a su plenitud y por esto María pasa a ser modelo de todo creyente”. Imitar a María en su humildad profundísima, en su laboriosidad, en su pureza etc. nos lo hemos de proponer todos.
            Hemos de tener detalles marianos. Te sugiero algunos con la confianza que me ofrece el ser tu sacerdote y pastor: El rezo de las Tres-Avemarías cada mañana y cada noche, el saludarle al medio día con el rezo del Ángelus, el santo Rosario al menos los sábados, llevar una estampa de la Santísima Virgen en tu cartera, en el bolso, en la guantera del coche, etc.
            Cuando en una familia se da este amor mariano, el hogar respira ese ambiente. Se nota hasta en la decoración de la casa, no faltan signos marianos en el salón, en los dormitorios, en los libros de los niños y jóvenes, en la medalla que llevamos como escapulario colocada en nuestro pecho.
            Cuidar los sábados con el rezo de la Salve, vivir muy junto a la Virgen el Mes de Mayo, acudir a santuarios marianos –los hay muchos y bien hermosos-, celebrar las fiestas de la Virgen etc… son otros tantos modos de expresar nuestro cariño de hijos a María.
            Estos y otros detalles los sugerirá nuestra imaginación, si nuestro corazón está henchido de amor mariano.
            Quiero terminar esta breve reflexión con un pensamiento de San Josemaría: “Se de María y serás nuestro”.
            María, nuestra Madre, siempre hace familia.  
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