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Villahermoseñ@s
Sacerdotes Villahermoseños. José Luis Bellón Márquez
publicado el Friday, December 17, 2010

Nos narra su autobiografía y nos invita a pensar ante la Navidad.

         a modo de Autobiografía

Pues yo soy calducho de pura cepa, vamos que si tuviera etiqueta pondría “Made in - Villahermosa” porque nací en nuestro pueblo, en la cama de mis padres, vamos que no le dio tiempo a la ambulancia de Valdepeñas. Y me alegro, porque nacer en tu propio pueblo es siempre especial. Y eso, vi la luz de este mundo el 19 de junio de 1977 y casi me quedo por error con José Jesús, que así rezaba en la antaño “cartilla del médico”, pero al final quedo José Luis.

Mis padres, Antonio Bellón Patón y Natividad Márquez Fernández son lo mejor de mi vida. Una familia humilde y trabajadora que me ha enseñado los valores fundamentales de la vida y todo con una educación cristiana desde pequeño.

Tengo dos hermanos, el mayor, Antonio ya casado con mi cuñada Luisa, juntos tienen dos retoños que son mis dos únicos sobrinos, Paula y el pequeñín que al día de hoy no tiene ni un añito, Juan. Y mi hermana menor Ana Isabel, que fue un regalo de Dios ya en una edad madura de mis padres para toda la familia.

Mi infancia en el pueblo duro hasta los 13 años que marche al Seminario Menor de los frailes de la Orden Trinitaria en Alcázar de San Juan, allí estuve durante tres años del Bachillerato. Después fui dos años a Córdoba, allí hice COU y acceso a la Universidad. Después durante un año me fui al Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta, al noviciado de los frailes de la Orden Trinitaria en Villanueva del Arzobispo, Jaén.

La siguiente etapa fue en Granada, donde estuve durante cinco años en el Teologado de los frailes de la Orden de la Santísima Trinidad y allí hice la carrera de Licenciatura en Estudios Eclesiásticos en la Universidad de Granada, en la Facultad de Teología del Sagrado Corazón, que pertenece a la Compañía de Jesús, los Jesuitas. Después me enviaron a estudiar una licenciatura en teología con especialización en Sagrada liturgia en Roma. Allí permanecí cuatro años y pico, estudiando en el Pontificio Instituto Litúrgico San Anselmo de Roma. Durante estos años me ordene de Diacono, de manos del Cardenal Alfonso López Trujillo. Y un año después, me ordene Presbítero en nuestro pueblo, de manos de Don Antonio Ángel Algora Hernando, Obispo actual de Ciudad Real. De  esta etapa de mi vida, tengo que señalar aparte de estas dos cosas fundamentales que ya he dicho, el poder haber sido testigo durante los últimos años en Roma, del cambio de Pontificado entre Juan Pablo II y Benedicto XII. Una experiencia única, que tuve el privilegio de vivir muy intensamente, gracias a amigos y conocidos que me dieron la oportunidad de estar presente en tantos acontecimientos como sucedieron.

Después de esos maravillosos años que viví en Roma, para mi vocación y mi vida, fui elegido Maestro de Postulantes de la Provincia España-Sur, de los Frailes Trinitarios y me destinaron de nuevo a Granada. Durante tres años, además de este servicio fui Párroco de la Parroquia San Juan Bautista y conjuntamente los dos últimos años, también Párroco de la Parroquia San Vicente de Paul y por ultimo estos tres años entre como profesor de la Universidad de la Granada en la Facultad de Teología de Granada donde años antes fui alumno. Unos años de trabajo duro, pero que han sido para mí una gran experiencia que ha marcado decisivamente el rumbo de mi vida.

Transcurridos estos tres años, llegamos a lo que sería más actual. Hace un año y pico me incorpore a la Diócesis de Málaga, donde desde el principio me he sentido muy feliz y acogido, verdaderamente Málaga es una ciudad especial y distinta. Aquí soy Párroco de la Parroquia Madre del Buen Consejo, en Torremolinos, que cuenta con unos 15.000 fieles, y junto a este servicio que es muy intenso puesto que es una parroquia muy grande, el Obispo me designo para otros dos servicios: Profesor de dos asignaturas en el Seminario Diocesano de Málaga, Liturgia Fundamental y Liturgia especial y Sacramentos. Y asimismo como profesor del Centro Superior de Estudios eclesiásticos San Pablo, en el obispado de Málaga. Y ya en este curso, también colaboro como profesor de Liturgia en la Escuela de Teología Beato Manuel González del obispado en Málaga.

No me quiero alargar más. Solo me gustaría decir que siempre he sentido que Dios va delante de nosotros y que por mucho que dudemos o sea difícil, si crees en Él, nunca te equivocas, porque Dios siempre quiere nuestra felicidad. Y eso, que soy un Cura Calducho en Málaga.

 

        

            ante la Navidad…

 

            Cuando el frio corta y silbotea entre las ramas desnudas de los arboles de “santana”; cuando aún te llegan olores y tufos de cebolla cocida con “humareas” de calderas, y relentes de ascuas de chaparros y cepas secando las cuerdas adornadas de chorizos y otras viandas; cuando ese inigualable olor de sabina mojada se confunde con el tomillo albar de los eternos belenes de barro donde se cuelan hasta los “chis de famovil”; cuando el rumor del tiempo se cuenta a toques de las campanas de la torre y el frio sopla que con un “capirote se te cae la oreja a cachos”; cuando el pensamiento y el corazón afinan su voz con “soniquetes” del tiene boca de clavel y ojos de rubi; cuando se piensan los aguinaldos rehogaos con rosquillos y aguardiente; cuando los susurros de la memoria llevan a los que se fueron al siempre deseado regreso; cuando es Navidad en Villahermosa.

            Es difícil describir sin pasión, algo que vives desde pequeño con tanta ilusión que casi no te das cuenta de que hay cosas que se entretejen en el alma con tanta fuerza que con solo pensarlas, pareces vivirlas. Las navidad que yo recuerdo en el pueblo es la de idas y venidas al horno, con tortas y mantecados amasaos y sobaos por expertas manos que desde siglos, sin conservante ni colorante, saben a gloria bendita o sea: guenismos. Y en cuando daban las vacaciones en la escuela, ya teníamos pensado el sitio para ir a coger el musgo para el belén y el pasto en la eras, ¡anda y algunas veces alguna seteja suelta!. Recuerdo como llegaban esas postales de los madriles, de Barcelona o de cualquier lugar de esta diáspora calducha que es el mundo. Y como por la calle se cruzan los saludos y casi siempre se pregunta: - ¿y los muchachos… no vienen a pasar la pascua?. Me acuerdo que también decorábamos las calles: unas inconfundibles estrellas de espumillón con solera arrepretao con bombillas blancas alumbraron durante generaciones las entradas y esquinas de la plaza y la estrella más grande en la puerta de la iglesia. Y mas de un año este monaguillo tempranero ayudo a Juan Andrés y su esposa Hormen, que en paz descansen y después a la Daniela, a poner el portal delante del altar mayor, con su sabina, romero, tomillo… y unas bombillas de colores que casi siempre quemaban algo y salía algún que otro humillo mientras la misa. Recuerdo los ensayos de monaguillos, para la misa del gallo. Como en la Vigilia de Resurrección, el sábado de gloria, había que empezar “ascuras” y al son de todas las campanillas que encontrábamos por los armarios y del gloria se encendían todas las luces de la nave de la iglesia: hoy en la tierra nace el amor. Y esas colas para besar al niño… o ¿los niños?, porque a veces había hasta cuatro criaturas, jajajaja…pa aligerar. Y los inconfundibles villancicos calduchos, voy a intentar no emocionarme y poner muchas letras, porque siempre me gusto aprendérmelos de memoria y allí donde Dios me ha llevado siempre los he cantado, solo o acompañado, pero no me puedo resistir a contar lo que sucede cuando se canta el de Canta Pajarito que dice: yo bajo del monte por ver al zagal, traigo un pajarito que sabe cantar… y cuando suena el pajarito retumbando en las bóvedas de estrellas de piedra… que escalofrió. Una cosa curiosa, me acuerdo que yo una vez hice de solista con una niña en La Bamba yu. En fin, no encuentro palabras para expresar lo que yo vivo con estas cosas tan nuestras.

Con especial cariño recuerdo los sones de bandurrias, laudes, guitarras, platillos, panderetas, rabel, almirez, zambomba, la botella del mono…ejem ejem. Y nuestra insigne Banda Municipal, que tocaba el día del nacimiento, en año nuevo y en los reyes…hasta dentro de la iglesia.

Siempre he pensado que en nuestro pueblo se recrean las cosas casi queriendo estar en aquellos mismos lugares de Belén, Jerusalén…como diciéndote: compruébalo tu mismo. Es mucho más que un puro uso de la estética, la imagen, los gustos, los olores, los sonidos… sino que todo está orientado a que cada uno de nosotros reviva en primera persona lo que aquellos ojos y oídos vieron y oyeron y en Villahermosa oyen y ven… una pedagogía tan actual que hemos ido construyendo durante siglos, y que sustenta hasta límites que no imaginamos la estructura, márquetin y sistema de nuestro mundo actual… algunos lo llaman la cultura de la imagen… y yo quiero creer que en nuestro caso tiene una orientación positiva, es decir no solo se queda en la apariencia. La verdad es que es una experiencia incomparable sentir a la vez el frio de la Nochebuena, con tanto frio que el cielo no se puede ver, pero hemos visto un lucero… como aquellos pastores que durmieron y dormían al raso y el calor del mensaje de Dios, que llegan con la paz de los tuyos, de tus raíces, de sus cantos, de la Fe sencilla de las gentes de nuestro pueblo. Es como si quisiéramos estar en Belén, rompiendo veinticinco panderetas y siguiésemos detrás del Niño, hasta Jerusalén, con los romanos y llegar al monumento donde le lloraremos con tupidos sones de tambores y cornetas, y misereres con brisa de lágrimas, saetas y cantos ancestrales de gargantas rajadas; hasta que somos de nuevo discípulos y testigos vivos de la Resurrección, y hasta se caen los Romanos. Y todo esto, mientras sabemos que la verdadera Madre de Dios se llama la Virgen de la Carrasca. Es verdad, que no hay nada como vivirlo.

La Navidad en Villahermosa, como en el mundo entero, es recordar el nacimiento del señor Jesucristo. Esta celebración no debe perder por tanto esta verdad fundamental, de la que se han alimentado y sustentado nuestras acrisoladas tradiciones, que con todo, creo yo que también deben evolucionar y enriquecerse, siempre que sea para que no se desfigure y se traicione esta verdad fundamental para la vida de la iglesia y por lo mismo de los cristianos de Villahermosa. Realmente hay muchas cosas que rodean estas fiestas, y que a veces la invaden. Muchas luces que parpadean y nos dicen compra esto o lo otro, o diviértete y consume a todo trapo, pero si somos sinceros esto es tan superficial que nos puede hacer caer en la trampa de olvidar que también hay muchas cosas en nuestra vida y en la vida de tantas personas que necesitan luz. La luz de Dios que es Jesús. Una fuente de sentido y de respuestas para nuestra vida, es la Palabra de Dios, que leemos en estas celebraciones: los Profetas, Juan Bautista, la Virgen María, San José, los pastores, los Magos de Oriente… y tantos otros nos muestran un camino vivo, actual para cada uno de nosotros no somos tan distintos, aunque nuestra respuesta a Dios está lejana de lo que ellos fueron capaces. Pero también ellos pensarían lo mismo. Y sin embargo se fueron de Dios, y fueron dóciles al camino que Dios les marcaba.  

             Siempre me impacto el enorme silencio de la Navidad. El silencio de aquellos que han perdido a alguien y cuentan los sitios vacios en la mesa de Nochebuena. El silencio de los necesitados de todo tipo que están en los tele-maratones solidarios unas horas, pero no existen el resto de sus vidas. El silencio de aquellos que quizás muy cerca de cada uno de nosotros no son felices por tantos motivos. El silencio de aquellos que por miedo no son libres para buscar su felicidad, para expresar lo que creen, para ser tratados como iguales.

            La Navidad de Villahermosa es especial, porque hombres y mujeres como nosotros, celebrando el nacimiento de Jesucristo, compartían una ristra de chorizos o unas tajas de tocino rancio con los vecinos. Son especiales porque aunque en los alpargates hubiese un mantecao o una miaja de turrón comprado en la feria, para los Reyes, allí de daban votes de alegría y a saber los esfuerzos que habría costado, y encima había que compartirlo. Son especiales porque en el corro de los cantores de aguilanderos se igualan los que son ricos de dinero y los que tienen solo trampas y agujeros. Son especiales porque las calles se llenan de los coches tan hermosismos que los hijos han comprado desde que tuvieron que irse a buscar su futuro y como en aquel anuncio eterno del turrón el almendro… vuelven… pero acompañados de esos nietos que buscan el enchufe en la casa de los abuelos, para enchufar esas maquinitas PSP, PLAY, X-BOX… que esos días en el pueblo parece que se usan menos y no tienen competencia si hay bicicletas. Es especial porque hay que resguardarse de la rasca que hace en algún ligar con los amigos y al entrar en cualquier bar, repasas a todos con la mirada y si nos los conoces a todos, poco a poco vas sacando de quien es. Es especial porque Villahermosa es especial.

            Ahora me parece oír el eco que repartían en tiempos pasados aquellos fantásticos altavoces de la torre, que con música de villancicos, ambientaban todo el pueblo entero, y señalaban de nuevo la indescriptible belleza de la silueta y horizonte de nuestra iglesia parroquial: y allí dentro hay un niño esperando, Él es, Dios con Nosotros…no mováis tanto la cuna. No turbéis su sueño blanco. Sueña que estará soñando, callad…

 

Feliz Navidad en el Señor Jesús, queridos paisanos. Permitidme terminar con una cita que he leído por ahí:

           

Aquel que es, nace.

Aquel que no podemos comprender, se da a conocer.

Aquel que es nuestra mejor riqueza, vive la pobreza.

Aquel que es plenitud, se hace entrega.

Este misterio nos aguarda: fui hecho como parte de la imagen de Dios,

pero no la conserve.

Él ahora, toma parte de mi carne.

Para salvar la imagen.

Y hacer inmortal la carne.

(San Gregorio Nacianceno, Homilía 38)

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