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Villahermoseñ@s
Sacerdotes de Villahermosa. D. Rafael Perez Piñero
publicado el Wednesday, March 11, 2009

D. RAFAEL PÉREZ PIÑERO, nació el 23-10-1924 en Villahermosa. Bautizado a los tres días, con el nombre de Rafael Leocadio Servando por el arcipreste del partido y párroco de Villahermosa D. Tomas Bautista Pérez Serrano. Hijo de Rafael Pérez Piñero y Natividad Piñero García.

TRAZOS DE D. RAFAEL PÉREZ PIÑERO

Pasó la infancia entre Villahermosa y Montiel. Eran los años del final de la Monarquía de Alfonso XIII, años de la República 31-36 y Guerra Civil 36-39. Él mismo ha contado muchas veces cómo respiró en estos años un ambiente agnóstico y anticlerical compensado con la profunda y sencilla piedad religiosa que su madre y abuela impregnaban en el hogar.
Ingresó en el Seminario a los 16 años, el 13-10-1940. Estudió humanidades hasta el 42; filosofía hasta el 45. Teología en Comillas desde 45 al 50. Órdenes Menores (tonsura) 1947, subdiácono 17-7-1949, presbítero 16-7-50 (todo en Comillas, Santander). Canto de misa en Villahermosa 27-7-50.

Ha sido Cura regente de Las labores en 1950. Profesor de latinos en el Seminario 1950-53. Vicerrector del Seminario Mayor 1953-83. Profesor de Dogmática del 1953-2006. Juez prosinodal 1954-64.Censor eclesial 1957-hoy. Consiliario de Acción Católica femenina 1952-74. Asesor provincial de la sección femenina 1955-63.Capellán del asilo de las hermanitas CR 1954-95. Consiliario de Centro Diocesano de Maestras 1952-55. Director diocesano de Unión Apostólica y Cursillos de Cristiandad 1963-74. Arcipreste de la S.I.B. Catedral 1964-hoy. Presidente de la Comisión Fe-costumbres 1966. Presidente de la Comisión Diocesana de Pastoral 1967. Asesor de Acción Católica de la Familia 1980. Director Espiritual del Seminario Mayor 1983-2006. Administrador parroquial de Villahermosa verano 1996. Actualmente es Capellán del Asilo de las Hermanitas en Ciudad Real. En vacaciones, siempre ha sido un gran compañero de los párrocos de su pueblo.

Libros publicados: El cristiano ante algunos problemas de hoy (1973); Tu Profundo (1975); Es posible vivir la esperanza (1979); Encuentro personal y Trinidad (1982), Ser Persona (1985), Nos mereció el Amor (1996), El celibato, hacia una teología de la afectividad (2002); Armonía, sobre el sacerdocio de la mujer (2000); La 3ª preferencia de Cristo: la mujer ¿Por qué? (2005).  

REFLEXIONES SOBRE LA CUARESMA DE NUESTRO PUEBLO

Lo primero que me viene a la mente, recordando mi niñez sobre la Cuaresma de nuestro pueblo, son los Romanos, los soldados romanos que con sus tambores y cornetas nos hacían correr por el pueblo para acompañarlos, yendo delante o detrás de ellos. Pero no sólo esto, sino que después, a lo largo de algunas semanas, cuando ya la primavera anunciaba su presencia empezando a verdear nuestros campos, hacíamos tambores con alguna lata de nuestras casas o sacábamos los que nos habían echado los Reyes y por la eras y hasta por las calles repetíamos los desfiles de los romanos. ¡Como disfrutábamos...! También recuerdo la bocina, que con su ronco sonido, anunciaba la presencia de la Cuaresma y la proximidad de la Semana Santa. El ambiente se llenaba de esa proximidad y todos nos preparábamos a nuestro modo para celebrar esa Semana, aunque de una manera difusa dada nuestra edad.
Sin embargo creo que esos recuerdos entrañables de nuestra niñez dejan su poso y a lo largo de la vida nos van haciendo pensar. ¿Qué nos decía y qué nos dice ahora de la Cuaresma y de la Semana Santa? Por supuesto no pensamos lo mismo pero si añoramos aquellos momentos y aquellos días que han ido dejando en nuestro recuerdo y en nuestra conciencia unos hechos que recordamos con añoranza. Posiblemente la Semana Santa junto con la Fiesta de la Virgen son los tiempos que más recordamos los habitantes de nuestro pueblo.
Ciertamente, podemos hablar de una religiosidad que hemos mamado en nuestros primeros años y que deja sus imágenes y recuerdo para toda la vida. Ahora nos podemos preguntar, ya adultos y más que adultos, todo lo que significan para nosotros esas fiestas entrañables que nos han sellado para siempre.
¿Qué significa la Cuaresma y la Semana Santa?
La Pasión, la Cruz y la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Ha habido alguien en la historia, hace dos mil años, que sufrió y murió por nosotros. De niños apenas nos decía nada ver la Imagen de Jesús Nazareno o la imagen de la Soledad. Hoy esas imágenes nos recuerdan un hecho histórico de Alguien que sin saber por qué nos dice mucho. Digo sin saber por qué porque, ciertamente, no sabemos dar una razón exacta de por qué nos dice tanto la Semana Santa o la Fiesta de la Virgen.
Hay en nosotros una especie de conciencia profunda, algo parecido a lo que ocurre con el amor a nuestros padres, a nuestra familia, a nuestra casa, a nuestras calles y a nuestros campos. La Cuaresma y la Semana santa pertenece a ese campo oscuro de nosotros mismos que en cierto sentido nos constituye. Si lo arrancaran de nuestra memoria perderíamos algo profundamente arraigado en nuestro corazón.
Esto quiere decir que nuestras fiestas, la de nuestros pueblo, y en concreto la Semana Santa y la Cuaresma, las llevamos muy dentro, forman parte de nuestro ser.¿Tan poderoso es el recuerdo? ¿No hay aquí algo muy hondo, que no sabríamos explicar? Cierto.
A lo largo de nuestra vida estos recuerdos nos van enseñando que algo se adentró en nosotros con una fuerza tan enorme, que el tiempo no borra sino que, al contrario, lo ahonda más y más. Aquí hay algo más de lo que nosotros podemos entender y explicar. Es la presencia de la fe que sin darnos cuenta y a través de circunstancias entrañables nos ha configurado. Es bueno que demos cuerpo a esos recuerdos que tan dentro llevamos y que saquemos todas las consecuencias que ello lleva consigo. ¿Por qué esa devoción y ese recuerdo profundo de la Semana Santa? ¿Qué dejan en nuestro corazón esas imágenes, esas calles y esas procesiones? ¿Qué significan y qué sentido tienen para que se adentren en lo mejor nuestro? ¡Cuantas lágrimas y cuantos dolores no habrán acompañado a esas imágenes a las que acompañamos o que desfilan delante de nosotros! ¡Cuantos recuerdos suscitan hoy esas ceremonias de la iglesia parroquial, la Hora Santa, el Vía Crucis, los Oficios de Jueves, Viernes Santo y la Vigilia Pascual del Sábado! ¡Y esos desfiles, con el redoble de los tambores, el sonar de las cornetas, el solemne y acompasado sonido de la Banda de música o el silencio que pide alguna que otra saeta!
¿Quién no ha sentido, en algún momento de estos días, en el templo o en calle, en el silencio ante el Santísimo del Monumento o ante una imagen de Jesús o de la Virgen, el escalofrío de una presencia, de un recuerdo o la emoción de entender algo o incluso compartir los sufrimientos de Quien nos amó hasta dar la vida por nosotros? Aquí hay algo más que un recuerdo...
La Cuaresma –cuarenta y seis días- no es otra cosa que la preparación para vivir esos momentos y ese tiempo que han cambiado la historia del mundo y que intentan cambiar nuestro propio corazón. ¡Cuánta importancia debe tener la Semana Santa cuando se invita a que nos dispongamos a vivirla con tanto tiempo!

R.P.P.


 

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